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Escrito por EDUARDO ESTEBAN FERREYRA   
sábado, 13 de febrero de 2010

      Imaginemos al joven Maxi, por llamarlo de alguna manera, adolescente de catorce o quince años interesado en, digamos, el deporte, pero que a la vez no se siente del todo cómodo entre otros chicos de su edad, los cuales están muy interesados en lo que aquí en Argentina se llama el levante (conquista de ejemplares del sexo opuesto) y alguna que otra frivolidad que a esa edad a nadie puede reprochársele mucho, y menos habiendo gente cultora de tales actividades a los 40 y hasta a los 60 años (y por las dudas, mejor no indaguemos más adelante. No importa. Maxi no se siente cómodo entre ellos. Tal vez porque es cristiano convencido, y sabe que la fe es tema tabú entre sus conocidos

       Todo problema tiene una solución, y así nuestro joven protagonista se pone de inmediato en campaña para encontrar una a su dilema personal. Y de esa manera se entera de que existe la Muy Cristiana, Muy Católica y Muy Atlética Asociación de Jóvenes Que no se Sienten del Todo Cómodos Entre la Juventud Corriente. Y lleno de entusiasmo y esperanzas, acude a la susodicha institución (renunciemos a  nombrarla de nuevo). En la entrada, lo recibe una cita evangélica: Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; golpead y se os abrirá. Porque el que pide obtiene; y el que busca encuentra; y al que golpea se le abre (Mateo 7,7-8). Nada puede parecerle más promisorio al bueno de Maxi, que continúa adelante hasta llegar a un mostrador donde hay alguien atendiendo, un señor con una sonrisa similar a la del Gato de Chesire de Alicia en el País de las Maravillas. Cómo estás muchacho, qué puedo hacer por vos, Dios te bendiga, etc., etc., etc... Vengo a asociarme, explica Maxi, con una inocencia casi infantil. Pero cómo no, muchacho... Basta con llenar un sencillo formulario para prepararte el carnet, nos traés una foto y, por supuesto, el pago de, en primer lugar, la inscripción, por una suma de... (y aquí colóquese una cifra compuesta por una o dos unidades seguida de muchos, pero muchos ceros)...y la primera cuota, por un valor de... (ídem). Nada que un trillonario no pueda solventar.

      Ahora bien, no es el caso de Maxi o de sus padres. El muchacho intenta entonces explicar al sujeto que lo atiende que no, que él no puede, que tendría que hipotecar su casa y la del vecino para pagar semejante cifra... Pero apela a la bondad de la institución, que es una asociación Muy Cristiana y Muy Católica, según ella misma proclama y además, en fin, la cita bíblica de la entrada, tan llena de caridad, hace suponer que habrá cierta misericordia para con aquellos a quienes no les dé el cuero para pagar el fortunón digno de un ganador de la lotería que suman la inscripción y la cuota. Entonces el señor, con cara de compungido, explica a Maxi que debió leer también la letra chica del cartel de marras. Y lo acompaña para que pueda hacerlo ahora. Y efectivamente, maxi lee la letra chica: Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un ridículo y despreciable pobrete de tu calaña entre aquí. Firmado: Los mercaderes del templo. Y en eso una familia que acaba de estacionar su Rolls Royce junto a la puerta entra en la Asociación, y el señor acude presurosamente a recibirlos, con un signo $ en cada ojo, igual que Rico McPato. Y en voz muy baja advierte a Maxi que ni se le ocurra volver si no quiere recibir tantas pedradas como para convertirse en digno émulo de San Esteban.

      Algo exagerado, tal vez, pero no crean que demasiado. Un mercantilismo repulsivo está detrás de  muchos colegios religiosos, asociaciones cristianas y demás. No conozco ni una que no cobre precios exorbitantes.

       Hace poco, en Internet, también me tocó a mí. Llamémoslo La Gran Iglesia: un sitio donde supuestamente los cristianos pueden relacionarse entre sí, buscar amistades y algo más si se desea. Debo admitir que, de entrada, el sitio en cuestión me pareció un tanto chocante. Por más que uno no sea un mojigato sexual ni ponga el grito en el cielo ante la homosexualidad, que en un sitio supuestamente religioso me pregunten si deseo guardar a alguien -sin importar si se trata de Juanita o de Pepe- me resulta un tanto chocante: hay miles de otros sitios donde puede encontrarse eso, ¿por qué entonces, ya que se trata de un sitio supuestamente espiritual, no vamos a lo espiritual?... Pero en fin, eso es otro tema. La cuestión es que si uno pagaba una cierta suma tenía acceso a ciertos privilegios y si uno pagaba una suma algo más frondosa tenía acceso a más privilegios, no sé cuáles serían porque me resultó todavía más chocante que lo otro y no me prendí en ésa. Pero igual estuve gratis en el sitio en cuestión un tiempo. El problema fue cuando Fulanito y Menganita quisieron contactarse conmigo. Si quería responderles, resultaba ser que primero tenía que subir de nivel. No estando dispuesto a ello, resolví no contestar a nadie, pero en la página donde figuraba mi perfil escribí mi mail para que, quien quisiera contactarse conmigo lo hiciera directamente. La gente del sitio borró lo escrito por mí y lo reemplazó por otras palabras (como si fueran mías, para colmo) que decían que quien quisiera contactarse conmigo lo hiciera vía La Gran Iglesia. Eso fue el acabóse, abandoné el sitio de inmediato. En este caso debo agregar que la suma a pagar no era tan desmesurada como podría pensarse, pero de todos modos me cayó mal eso de que si no pagaba no me podía comunicar con nadie; me sonó a extorsión. También encontré otro sitio cristiano que últimamente pretendía cobrar, pero su caso era distinto porque no tenían un monto fijo, se pagaba a voluntad, y sólo porque se les estaba haciendo difícil mantenerlo. Esto es otra cosa, no muy diferente de la ofrenda que cada uno puede donar voluntariamente en la Iglesia.

      Pero aquí no acaba todo. No sé el precio de las Biblias actuales, pero hará uno o dos años quise reemplazar la que tengo, ya muy deteriorada (y que tendrá que seguir aguantando heroicamente, porque no tengo intención de seguirles el juego a estas personas) y pregunté cuánto costaba la más barata. A juzgar por lo que costaba, calculo que estaría enchapada en oro. Si la Palabra de Dios es alimento para el alma, habrá que convenir que, con semejantes precios, millones están condenados a la inanición espiritual. ¿Qué vamos a responderles después a quienes despotrican contra el comercio desvergonzado que realizan, según ellos, el Vaticano, los curas, etc.? Los Testigos de Jehová, hace unos años, cobraban sus Biblias a precio de costo; ahora creo que directamente las dan gratis, aunque no estoy seguro. ¿Y la Iglesia Católica no puede hacer otro tanto?

       Todo esto no es cosa nueva, por supuesto. En la Edad Media el máximo bochorno sobre este tema fue la venta de reliquias, ¡y qué reliquias, madre mía!... Los pañales del Niño Jesús; leche de los pezones de la Santa Virgen; fragmentos de la Vera Cruz (se ha calculado que los hubo en tal cantidad, que con todos ellos podrían haber sumado madera para hacer cincuenta cruces); madera del Arca de Noé; incluso (¡¡¡la máxima!!!) el cráneo del Niño Jesús. Así que. en este caso, no se puede decir que todo tiempo pasado fue mejor; sí podríamos preguntarnos, en cambio, ¿hasta cuándo va a continuar?

      ¿Y qué?, podría decirse. Todo tiene precio. Si uno va al almacén y compra, tiene que pagar por lo que se lleva. Si uno va a la panadería, carnicería, rotisería, ferretería, etc., también. Un plomero o un electricista cobra por su trabajo. Sí, por supuesto, todo eso es cierto. Pero la diferencia crucial es que todavía no he visto letreros de Panadería Cristiana, Almacén Cristiano, Electricista Cristiano, aun cuando charlando con quienes están a cargo de esos locales descubramos que son tan cristianos como nosotros. Tratemos de imitarlos, ¿eh?, que cualquier lucro descarado que se haga con las palabras cristiano y católico huele a simonía. Aunque no necesariamente lo sea. 

 

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