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JESÚS DIO SU VIDA POR DÉBORA (Parte 17) PDF Imprimir E-Mail
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Escrito por EDUARDO ESTEBAN FERREYRA   
lunes, 19 de octubre de 2009

      Flanders  seguramente venía a armar quilombo otra vez por esos nuevos graffittis con que le habían llenado la pared. Por supuesto, no les iba a creer cuando dijeran que ellos no habían sido... Aunque había que ver si la discusión llegaba a esa etapa. Tony veía al viejo chupacirios mirando mucho la estrella de cinco puntas toscamente dibujada en el suelo y las velas negras que la rodeaban, y tuvo que bajar la cabeza para disimular una sonrisa maligna. En cualquier momento Flanders se desplomaría y empezaría a boquear, agónico, víctima de horror y de santurronería...

      -Disculpen si interrumpo algo-dijo el señor Alvarez, deseando que los cinco muchachos le dijeran que sí, que estaban en medio de una ceremonia muy importante y que volviera otro día. Pero como ello no sucedió, no tuvo más remedio que seguir adelante-. Solamente vine a pedirles disculpas. Todo el tiempo fui injusto con ustedes. El sábado pasado pesqué con las manos en la masa a los que me ensuciaban el frente de la casa. No tengo palabras para decirles cuánto lo lamento.

      Cristian, alias Morgoth, cantante y guitarrista rítmico de Supremacía Satánica, quedó meditando unos minutos, como un monarca que evalúa la posibilidad de cortar la cabeza a un felón que prosternado ante él implora misericordia. Finalmente, pareció decidir que eso de decapitar súbditos mancha bastante de rojo el entorno y obliga a uno a levantarse del  trono real  para esquivar las salpicaduras...

      -Muy bien-dijo condescendiente, asintiendo con la cabeza-. A cualquiera le pasa.

      -Esa no es excusa. Yo tendría que haberme asegurado primero de que eran ustedes antes de abrir la boca-respondió Alvarez, no sabiendo qué más decir.

      Tony miró las velas negras que siguiendo el contorno del círculo alrededor de la estrella de cinco puntas, parecían mirarlo y reírse de él. ¡¡¡Hacénos un lugar en tu culito, morochón!!!, parecían decir.

      -Para invocar al Diablo, ¿no?-preguntó Alvarez, señalando la estrella y las velas. Por Dios, ya no sé qué más decir, salvo QUE LES VAYA BIEN, pensó.

      -Nosotros no creemos en el Diablo-contestó Fede.

      -Es raro. Tenía entendido que las bandas de black metal noruego creen, o creían-dijo Alvarez.

      -Pero nosotros no somos noruegos-repuso Cristian, un tanto agresivamente, con la suficiencia de los jóvenes muy interesados en demostrar que son lobos y no corderos de un rebaño. Se preguntaba si Flanders venía sólo a disculparse, a hablar de black metal, a ambas cosas o qué-. Creemos que toda persona tiene un  lado oscuro y debe aceptarlo, nada más.

      -Ah. Como Anton Szandor LaVey, ¿no?-preguntó Alvarez, nombrando al fundador de la Iglesia de Satán como para demostrar que algo sabía del tema.

      -Exactamente-dijo Cristian, lacónico.

      -Entiendo. El problema es que muchos de los grandes horrores de la Historia comenzaron por la aceptación de ese lado oscuro por parte de una o más personas-repuso Alvarez.

      -Disculpe-replicó Cristian con frialdad-, pero me parece que la Iglesia con su Inquisición, sus Cruzadas y su evangelización con las armas en la mano no dio nunca el ejemplo de lo que hay que hacer. Así que mejor que no se meta en lo que yo hago, creo, pienso o siento.

      -Bueno... La verdad...-dijo Alvarez, como pensativo. Señor, ¿qué hago ahora? ¡Este se vino con la artillería pesada!... Estaba a punto de decir lo primero que se le ocurriera para salir del paso antes de irse... Pero entonces le pareció ver a Jesús caminando entre aquellos chicos, dándoles palmaditas en la espalda y mirándolo a él como poniéndolos bajo su protección. Cada  uno de ellos podría ser hijo tuyo. El varón que no tuviste, parecía decir el Señor.

      Entonces Alvarez miró a los cinco muchachos a los ojos, esa parte del cuerpo de la que bien se dice que es una ventana al alma; y le gustó lo que vio en ellos. Sintió una extraña emoción. En ese momento los sentía tal como tal vez eran en realidad, apenas cinco jóvenes desilusionados de muchas cosas y hambrientos de espiritualidad que no sabían dónde buscar. Señor, pensó, puedo hablarles de Vos, pero no quiero que sientan que trato de hacer que crean en Papá Noel y los Reyes Magos. Y sintió una sensación de calidez recorriéndole la espina dorsal, y se relajó; y entonces brotó de su mirada una espléndida sonrisa.

      Una sonrisa increíble, que pareció llenar de luz la sala de ensayo y que, por espontánea y sincera, contagió un poco a los cinco muchachos, que devolvieron en mayor o menor grado el gesto.

      -La verdad es que tenés algo de razón-dijo Alvarez con suavidad-. Pero la Iglesia está compuesta por personas, falibles por el solo hecho de ser personas; y en gran medida, esos hechos vergonzantes que mencionaste se produjeron debido a que muchas de esas personas, dirigentes en su mayoría, no investigaron ni combatieron su propio lado oscuro. Tal vez incluso se convencieron de que no lo tenían. Yo sí creo en el Diablo, y pienso que se mete entre los cristianos y grita: ¡A la carga contra los enemigos de Dios!. A mi entender es de esa manera que se produjeron esas matanzas.

      -Culpar al Diablo es muy cómodo. Una linda manera de sacarse culpas de encima-opinó Fede.

      -Algunos seguramente lo usan para eso. Personalmente, pienso que no es excusa, porque la Cristiandad debió discernir que quien gritaba eso era el mismo Diablo. John Kekes nos dice en Las raíces del mal que la fe es una amenaza permanente, porque exige que creamos en cosas que están más allá de la razón y por lo tanto no son comprobables, de modo que si yo asesino a alguien y me justifico diciendo: Dios me ordenó hacerlo, no se me puede contradecir. Yo no estoy totalmente de acuerdo, porque si decimos que creemos en un Dios más bueno que cualquier persona, es evidente que nunca me ordenaría matar a una persona. La Iglesia tiene sin duda nobles ideales, pero no siempre cuidó de que fueran en el cauce correcto, no siempre discernió qué estaba bien y qué no estaba tan bien, como hubiera debido

      -¡Bah!-gruñó Cristian, incapaz de deponer su hostilidad-. La Iglesia lo único que hace es asustar, reprimir y no dejar pensar.

      -Una vez más, tenés buena parte de razón. Una encuesta demostró que en Estados Unidos el ochenta por ciento de la gente piensa que los que no son de su religión van a irse al Infierno. Esto es muy lamentable, porque da la impresión de que esa gente que opina así es religiosa solamente por miedo al Infierno. No creo que sientan amor por Dios. Si yo creyera en el Infierno, tampoco lo amaría. No me sería posible amar a un Dios que me rostizara vivo por toda la eternidad si no hiciera lo que El exige. Pero no creo en el Infierno. Hay teólogos que tampoco parecen creer. Dicen que el Infierno existe para no ser excomulgados, pero enseguida agregan que está vacío. Otros dicen que existe, pero no es un lugar de castigo, sino un sitio al que se va por propia elección cuando se muere... Elaine Paigels, una investigadora del cristianismo gnóstico, cuenta en su libro Más  allá de  la fe cómo se indignó cuando murió un amigo suyo que era judío y muy buena persona, y en su congregación le dijeron que ese amigo estaría ahora en el Infierno por toda la eternidad. En definitiva, si hay una verdadera fe, es difícil distinguirla entre tantas religiones, y no haberla descubierto no es pecado ni crimen. Creo que Elaine Paigels es creyente de verdad, y los de su congregación unos simples adulones de un Dios castigador que nada tiene que ver con el real. Pienso que el Señor habrá quedado muy contento con la indignación de esta mujer, porque se debe siempre estar indignado ante el Mal, aunque nos lo presenten falsamente como cosa de Dios. De cualquier manera, por siglos el Infierno fue el Cuco que obligó a la gente a hacer cosas que, de otro modo, tal vez no hubieran hecho. Y algunas de esas cosas fueron verdaderamente terribles, como las matanzas de herejes cátaros en el Sur de Francia. Todavía hay, dentro de la Iglesia, mentalidades arcaicas que defienden ese tipo de hechos; pero me parece que la Iglesia debe rever toda su  historia y cuidarse de no repetir los errores del pasado, en especial luego del famoso Mea Culpa del Papa Juan Pablo II.

      -El Papa... Qué ejemplar...-gruñó Cristian.

      -Ahora, ¿cómo que un Mea Culpa?-intervino Ale-. ¿No era que el Papa es infalible...y el representante de Cristo en la Tierra?

      -Yo no creo eso-terció Tony-. Cristo no vivió nunca en la riqueza ni en un palacio; ¿por qué su representante sí? Si me dijeran que la Madre Teresa de Calcuta, que se jugó por los que sufrían, fue la representante de Cristo en la Tierra, lo creería; pero no el Papa.

      -Qué quieren que les diga, chicos, a veces la cosa me hace dudar a mí también-admitió Alvarez-. Lo de la infalibilidad fue puesto en duda  por algunos teólogos que fueron excomulgados, censurados o llamados al orden. Igual, la supuesta infalibilidad se reduce a asuntos de fe muy particulares, no quiere decir que el Papa no se equivoca nunca o no comete pecados. El Papa Juan Pablo I, que gobernó solamente durante treinta y tres días, parece que quiso terminar con esas escandalosas riquezas del Vaticano, y que encontró mucha oposición. Al día siguiente, si mal no me acuerdo, murió; dicen que el mal momento pasado durante la discusión del tema le produjo un ataque.

      Los muchachos intercambiaron significativas y burlonas miradas que patentizaron que, para ellos, esa oportuna muerte dejaba margen para muchas otras dudas más siniestras.

      -De eso se tendría que ocupar el Vaticano, de repartir todas sus riquezas entre los pobres-opinó Leandro-, en vez de opinar al pedo sobre asuntos que no le importan, como el aborto, los anticonceptivos o la homosexualidad.

       -Hmmm... En eso último no sé si estoy tan de acuerdo con vos-dijo Alvarez-. La Iglesia es una persona jurídica; y como cualquier otra persona, puede opinar, que no es lo mismo que imponer. Además, la función de la Iglesia, después de todo, es guiar a sus fieles; y mal los puede guiar sin dar su opinión. El problema es que, creo, las opiniones, vengan de quien vengan, son sólo eso, opiniones, y deben discutirse antes de ser llevadas a la práctica. Yo no siempre concuerdo con la opinión oficial de la Iglesia. Tal vez en lo que más de acuerdo estoy es el aborto. Muchas mujeres abortaron y después se sintieron muy culpables. Aunque más no sea por eso, creo que un aborto no puede decidirse sino luego de mucha reflexión. De todos modos, cada caso, pienso, debe analizarse por separado. Algunos supuestos cristianos amenazaron de muerte a gente que quiso practicar un aborto. Esa actitud, de más está decirlo, me parece repudiable. En realidad, la más calificada, dentro de la Iglesia, para opinar sobre ese tema fue, cuándo no, la Madre Teresa, que consideraba asesinato el aborto y pedía que no se mataran a esos bebés. Dénmelos a mí, decía. Fue la única persona a la que oí dispuesta a hacerse cargo activamente del problema. Otros solo dicen Dénlos en adopción, y ésa me parece una postura muy cómoda y cobarde. Si vamos a permitir que niños no queridos vengan al mundo, deberíamos al menos asegurarnos de que esos chicos puedan tener una niñez medianamente normal. De todos modos, lo último que haría sería aconsejar un aborto.

      -Y de los anticonceptivos, ¿qué piensa?-preguntó Cristian, cruzándose de brazos.

      Tal vez luego de tanto hablar y hablar siga sin haberlos convertido, pero por ahora parece que encuentran interesante la charla, al menos, pensó Alvarez.

      -No, creo que los líderes de la Iglesia hacen mal en oponerse-dijo-. El sexo es sano y es lindo y Dios, entre otras cosas, nos lo dio para disfrutarlo sanamente. Y me parece que llegado a cierto número de hijos hay que detenerse. Además, ¡cuántas veces el uso de un anticonceptivo podría precisamente prevenir un aborto!...

      -¿Y la homosexualidad?-preguntó Fede.

      -Sobre ese tema no tengo opinión formada. Jesucristo, hasta donde sé, jamás dijo nada al respecto. Es en otras partes del Nuevo Testamento y también en el Antiguo donde pueden encontrarse condenas sobre ese tema. Pero para empezar, hay quienes dicen que no es cualquier homosexualidad la que se condena en esos párrafos, sino sólo la homosexualidad idólatra. No sé cómo llegaron a esa conclusión, y la verdad es que durante mucho tiempo pensé que era todo un invento de la Iglesia Metropolitana, que es la de los gays, pero en el libro Creencias, de la Colección Infinito, un rabino opinó más o menos lo mismo. Me parece que tendríamos que oír en qué fundamentan esta opinión, porque la Biblia fue y sigue siendo muy mal traducida: la palabra kamelos, por ejemplo, además de camello, servía para designar una especie de soga de la antigüedad, pero en los Evangelios todavía leemos que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja. En esa frase, la otra acepción parece tener más sentido. De la misma manera, durante siglos se nos dijo que María Magdalena era la pecadora que había lavado y ungido los pies de Jesús en uno de los Evangelios, y recién ahora sabemos que son dos personas distintas; es decir, que los Papas tal vez se equivoquen en muchas cosas más de las que imaginamos. Por otro lado, también en el libro Creencias, otro rabino comenta que la religión es algo que evoluciona, y que la esclavitud, en tiempos de Cristo, estaba vista como normal, mientras que hoy no se considera moralmente aceptable. De todas formas, es un  hecho que muchos dicen aceptar la homosexualidad, pero al mismo tiempo la ridiculizan. Esto es una contradicción y una hipocresía, hasta donde entiendo. Creo que muchos dicen que hay que aceptar a los homosexuales, que hay que vivir y dejar vivir, etc., solamente para ellos mismos poder hacer lo que se les venga en gana. Por si no se entiende: Yo acepto tu homosexualidad, vos aceptá mi adulterio. Y eso ya me parece una canallada con todas las letras.

      -La Iglesia también es hipócrita...-dijo Cristian.

      -Seguro. Me acuerdo de un cuento del Decameron de Boccaccio, en el que un cristiano trata de convencer a un amigo judío para que se convierta. Y el judío dice que sí, pero que primero quiere ir a Roma para asegurarse de que el Papa y los cardenales vivan en santidad. Cuando vuelve, se convierte, pero porque queda convencido de que si la fe católica se mantenía vigente a pesar del  mal ejemplo del Papa y los cardenales, es porque es la religión verdadera... Sí, la Iglesia no es un dechado de virtudes; pero algunas tiene. Es un error y una injusticia pensar sólo en el Papa y los cardenales al hablar de la Iglesia. La Madre Teresa también era la Iglesia.

      -No sé-intervino Tony-, me parece una avivada más grande que una casa eso de aprovecharse de lo que hizo la Madre Teresa para justificar a la Iglesia...

      -Pero es que no me aprovecho. Ella se sentía parte de la Iglesia. Si hubiera hecho rancho aparte, sería otro cantar. También los sacerdotes que en las provincias andan de acá para allá visitando feligreses a lomo de burro o de mula son la Iglesia. Todos somos la Iglesia... Y es deber de todos mejorarla. No podemos ignorar todo lo que está mal, no podemos dejar de reparar el daño que hicimos. Justamente, hace unos días encontré unos sitios en Internet que hablaban de una conspiración mundial. Era una teoría mitad grotesca y mitad patética, que mezclaban seres reptilianos con masones, con Illuminati y sobre todo con judíos. Se me ocurrió que si durante tantos siglos la Iglesia no hubiera considerados deicidas a los judíos, tal vez hoy esa teoría absurda no existiría. Creo que es también algo de lo que la Iglesia tiene que hacerse cargo. Pero tiene que haber una Iglesia, como tiene que haber una Policía aunque esté corrupta incluso en un ochenta por ciento. La solución es el cambio, no la disolución de algo que en teoría es útil a una comunidad.

      -De todos modos...-dijo Cristian-. Si usted hubiera leído El Código Da Vinci, no...

      -¡Si lo leí!-exclamó Alvarez.

     -¿Lo leyó?-preguntó Cristian, escéptico.

      -Claro, ¿qué creen que leo, los documentos de Puebla? Me dormiría antes de terminar el primer párrafo.

      -Y después de haberlo leído, ¿cree todavía que Jesucristo es Dios?

      -Por supuesto. El Código Da Vinci es una novela muy buena, muy atrapante, pero nada más. En el Talmud judío se habla de Jesucristo. Por supuesto, con desprecio; la obra fue escrita por rabinos. Es decir, por adversarios espirituales de Jesús. Pero así y todo, el Talmud confirma muchos datos acerca de su vida, entre ellos que se proclamó Dios y que hacía milagros, si bien atribuye esos milagros, era de esperarse, a la hechicería. Así que la divinidad de Jesucristo no fue un invento del Concilio de Nicea, como se dice en El Código Da Vinci; si bien, francamente, no necesitaba leer el Talmud para estar seguro de eso.

      -Yo no entiendo-dijo Fede, y su desconcierto era notorio-. A mí me parece que lo excomulgarían si supieran que usted cree en todo eso.

      -No lo sé. Puede ser. Igual, algunos ya lo saben. No todos están de acuerdo, pero...

      -¿No sería mejor cambiarse a otra Iglesia?-preguntó Leandro.

      -¿Por qué? En el peor de los casos, ésta es tan buena como cualquier otra.

      -¿Y por qué cree en Dios?-preguntó de repente Tony.

       El señor Alvarez sonrió.

      -¿Vos sos....?

      -Tony.

      -Bueno, ¿cómo puede ser, Tony, que vos NO creas en Dios?-preguntó el señor Alvarez-. De la Pirámide de Keops, por muy compleja, creen muchos que fue hecha por extraterrestres. El Universo es infinitamente más complejo que la Pirámide de Keops. La ciencia nos dice que surgió a partir de una especie de único punto que estalló en lo que llamamos Big Bang. Nos dicen que a partir de allí surgieron el espacio y el tiempo; que es inútil que nos preguntemos qué hubo antes, porque jamás hubo un antes. Si el Universo estuviera hecho de una sustancia amorfa parecida al puré de papas, podríamos decir, quizás, que no hay Dios. Pero vemos que el Universo contiene muchos cuerpos que están como suspendidos en él y que no colisionan porque gravitan en un orden programado, que requiere de precisión matemática, de cálculos muy superiores que aquellos que permitieron erigir la Pirámide de Keops. Nuestro planeta hierve de vida, y quizás también otros. Las criaturas vivientes se interrelacionan de manera asombrosa. Hay cierto sentido de justicia en la distribución de habilidades que permite al guepardo ser el mamífero depredador más veloz del planeta, y las largas patas del antílope que lo capacitan para escapar del guepardo; de manera que se encuentran ambos en las sabanas de Africa, y no hay un resultado escrito de antemano. Y en la jerarquía social del babuino, los machos de posición inferior pueden subir de rango luchando con otros de su especie, pero las hembras quedan en la  posición social con la que nacen, y sin embargo ¡las hembras de categorías inferiores dan a luz mayormente machos antes que hembras que estarían condenadas a seguir en el rango materno! ¿Quién sino Dios pudo programar el genoma de los babuinos para que esto sea así? ¿Y quién puede mirar una espectacular puesta de sol o un arco iris sin conmoverse ante tanta belleza? Durante siglos hubo en el mercado supuestos monstruos embalsamados y que eran falsificaciones fabricadas a partir de partes de distintos animales. Todas pasaron por ciertas. Cuando se llevó a Europa el primer ornitorrinco, todos creyeron que era una falsificación. ¿No nos habla eso de que Dios es mucho más imaginativo que el hombre...además de que tiene un gran sentido del humor?

      ' A Sir Peter Buck, un maorí que se educó en su cultura nativa y en la europea, le diagnosticaron cáncer en 1948 y le pronosticaron sólo tres meses de vida. El luchó contra su enfermedad, porque quería escribir cuatro libros más aparte de los que llevaba escritos, y viajar una vez más a Nueva Zelanda. Murió en diciembre de 1951, una semana después de terminar su último libro. ¿Quién, sino Dios, sostuvo sus fuerzas como sostiene los mismísimos planetas, para permitirle cumplir con su misión en este mundo? Si Dios no existe, ¿por qué, cuando reprocharon a Joseph Haydn que su música sacra fuera tan alegre, contestó: No puedo evitarlo, cuando pienso en el Ser Supremo me lleno de gozo?

      El señor Alvarez se había ido apasionando a lo largo de su alocución, y de repente se detuvo, súbitamente consciente de que la emoción lo había superado y tenía los ojos llenos de lágrimas. Se sintió como un tonto y se detestó por sentirse así. Los cinco  muchachos parecían muy incómodos, y en su mayoría habían desviado la vista, salvo Tony, que sonrió comprensivamente al mirarlo el señor Alvarez como pidiendo perdón por aquel arrebato. Los demás mantenían la mirada baja, pero sus ojos parecían ablandados. Tal vez sus pupilas habituadas a buscar lo espiritual en las tinieblas se habían encandilado con la luz del Señor.

      Luego de aquello, la conversación prosiguió hasta muy altas horas de la madrugada, sobre distintos temas y compartiendo entre medio unas cervezas, todo en términos de lo más amistosos. Cuando se retiraba, los cinco muchachos llevaron al señor Alvarez hasta el auto y le pusieron en las manos dos cajas de discos compactos que sacaron del baúl, recomendándole que los escuchara, que algunos le iban a gustar (hicieron una selección previa). Luego, ellos se fueron a sus casas sin ensayar, diciendo que no importaba, que la habían pasado muy bien.

      Sentada en un  sillón, la señora de Alvarez se había quedado dormida esperando el regreso de su marido. Este la despertó con un beso en la frente.

      -¿Dónde estuviste hasta estas horas de la mañana?-preguntó ella, fingiendo celos.

      -Mirá, querida: tengo que contestar que estuve exactamente con esa mujer que estás pensando-bromeó el señor Alvarez-. Si te digo que pasé la noche disfrutando de lo lindo con cinco muchachos, por ahí suena peor...

 

   

Modificado el ( martes, 10 de noviembre de 2009 )
 

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