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Hay épocas en nuestras vidas en las cuales nos embarga el dolor y el sufrimiento, estas dos palabras nos aterran, creo que no hay ser humano ( en su sano juicio), que no se sienta horrorizado ante la idea del dolor y el sufrimiento. Cuando irremediablemente, como es común en el hombre, pasamos por este angustiante y desesperante momento, nos preguntamos: ¿ Por qué nosotros? ¿Para qué permite el Señor que yo sufra tanto? ¿ Qué hago con este dolor y sufrimiento? y comenzamos una interminable letanía de quejas, rogamos a Dios que nos quite este "CASTIGO" ( que no es tal), que nos libere de este horrible suplicio. Yo lo he vivido, como tú, como cualquier ser viviente en esta tierra de Dios, he tenido dolores físicos y dolores del alma, que son infinitamente más torturantes que los del cuerpo, y que no existe medicina terrenal que los sane. En mi búsqueda del ¿por qué? y el ¿para qué?, encontre mi respuesta en la inspiración del Padre Ignacio Larrañaga, aunque sea tan difícil de asumir e imitar.... SUFRIMIENTO Y REDENCIÓN Señor, Señor ¿qué significa ser hombre ? Sufrir a manos llenas. Desde el llanto del recién nacido hasta el último gemido del agonizante, sufrir es el pan cotidiano y amargo que nunca falta en la mesa familiar. Dios mío, ¿ para qué sirve esta criatrura desventurada del dolor ? Es un despojo inútil. No tiene nombre, pero tiene mil fuentes y mil rostros, y ¿quién puede soslayarlo ? A nuestro lado camina en la ruta que va desde la luz a la tiniebla. ¿ Qué podemos hacer con él ? Es una criatura que brotó en el suelo humano como un hongo maldito sin que nadie lo sembrara ni deseara. ¿Qué hacer con él ? Me acuerdo de tu cruz , oh pobre Dios, Jesús de Nazaret ; aquella cruz que tu no la elegiste, sino que la asumiste, y no con alegría, sino con paz. ¿ Para qué sirve esta corriente caudalosa y sangrante del dolor humano? He aquí la cuestión: ¿Qué hacer con este misterio esencial y abrasador ? Las mil enfermedades, las mil y una incomprensiones, los conflictos íntimos, las depresiones y obsesiones, rencores y envidias, melancolías y tristezas, las limitaciones e impotencias, propias y ajenas, penas, clavos, suplicios...¿ Qué hacer con este bosque infinito de hojas muertas ? Oh justo, Siervo obediente y sumiso del Padre; llegada tu hora, después de estremecerte por el susto y el espanto, te entregaste sosegado y aceptaste libremente el cáliz del dolor hasta agotar sus últimos y más amargos sedimentos. Los hechos de la conspiración humana no cayeron, ciegos y fatales, sobre Ti, sino que Tú los asumiste voluntariamente al ver que, si los hechos ocurrieron, no fue por la maquinación humana sino por que el Padre lo permitió. Y cargaste con amor la cruz. Gracias por la lección, Cristo amigo. Desde ahora tenemos respuesta al interrogante básico del hombre: ¿qué hacer con el dolor ? No se vence el sufrimiento lamentándolo, combatiéndolo o resistiéndolo, sino asumiéndolo. Y, al asumir con amor la cruz, estamos no sólo acompañándote, Jesús Nazareno, en la subida al Calvario, sino colaborando contigo en la redención del mundo, y más todavía, "estamos supliendo lo que falta a la pasión del Señor". La perfecta libertad está, pues, no sólo en asumir la cruz con amor sino en agradecerla, sabiendo que así asumimos solidariamente el dolor humano y colaboramos a la tarea trascendental de la redención de la Humanidad. Gracias, Señor Jesucristo, por la sabiduría de la cruz. PAZ Y BIEN ESTEN CON TODOS....Y EL SEÑOR LOS BENDIGA INFINITAMENTE. |