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VIEJA RADIOGRAFIA DE UN ALMA PDF Imprimir E-Mail
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Escrito por EDUARDO ESTEBAN FERREYRA   
martes, 04 de agosto de 2009

      Bienvenido, y ponéte cómodo. El Doctor me dijo que vendrías a buscar las radiografías. Un gran tipo, el Doctor, y todo un personaje, además. Así como lo ves, tan serio que parece, tiene un gran sentido del humor. Es medio carero, eso sí. Medio, es tal vez sea poco; quizás sea más acertado decir que te arranca la cabeza con los precios. Pero veamos primero las radiografías. Lo que luego decidas hacer, no es asunto mío.

      Aquí están. El Doctor me pidió que te explique. Podés ver en ellas unas zonas en tono gris depresivo, que muestran las regiones afectadas por la rutina y la melancolía, mientras que esas otras, en negro muerte, corresponden a las partes carcomidas por la tragedia y la desesperanza. El cuadro clínico es el de un cáncer de alma. El paciente sufre dolores de lo más atroces. Todo calmante es pasajero. El diagnóstico: incurable. El motivo por el que no hay esperanzas es que la enfermedad destruyó de manera alarmante la dignidad y la autoestima del paciente, que es lo que podría mantenerlo en pie, luchando contra su enfermedad. El problema es que para eso no hay donantes compatibles, las células espirituales se regeneran solas, o no se regeneran, y en este caso corresponde la segunda opción. La consciencia de su propio ser, químicamente alterada por esta deficiencia autorregenerativa, ha sufrido una horrenda mutación, dejando de ser humana para convertirse en la de una cosa amorfa, entre grotesca y patética, que sigue existiendo sólo por una aberración de la Naturaleza. Ante la imposibilidad de permanecer de pie, el alma se la pasa tambaleándose y  cayéndose o tropezando con la indiferencia o la crueldad de otras personas. Su aspecto repulsivo no la favorece a la hora de encontrar a alguien dispuesto a quedarse a su lado.

      El Doctor me pidió que te muestre estas radiografías porque son la única prueba palpable y fehaciente de que este tipo realmente estaba desahuciado y de los alcances del milagro que luego tuvo lugar. Lo que no me dijo, tal vez puedas aclarármelo, es por qué tengo que mostrártelas precisamente a vos y no a cualquier otro. Le pregunté, pero se sonrió y no dijo nada. Cuando le viene esa costumbre de hacerse el misterioso (lo que ocurre siempre) me dan ganas de tirarle con algo. Me manda personas y cosas de lo más insólitas, y esto me desorienta. También me hace algunos encargos poco agradables de ejecutar, para ser sincero.

      Pero volvamos al caso médico. El paciente, milagrosamente, experimentó una súbita, inusitada mejoría. El tipo, como imaginarás, estaba que no podía creerlo, y al Doctor no sabía cómo darle las gracias. El problema vino cuando llegó la cuenta. El paciente, te aseguro que tenía intención de pagar, pero toda una vida no iba a alcanzar apara saldar semejante cuenta. Luego de las primeras cuotas, empezó a pensar que ese precio eraun abuso. Convenientemente, comenzó a olvidarse de lo mal que había estado, y a verle el lado malo al tratamiento: que era doloroso, que todavía no estaba del todo sano (lo que era cierto), que no entendía por qué el Doctor no le daba dosis más fuertes del remedio, como sí se las daba a otros pacientes... y dejó de pagar. Habló con el Doctor y le dijo que no estaba del todo satisfecho con el tratamiento,  así que dejaría de consultarlo profesionalmente. Sin embargo, añadió,era imposible no admitir que, si todavía estaba vivo, era debido a ese tratamiento. Eso nunca podría olvidarlo. Así que le pidió que siguieran viéndose como amigos aunque ya no fueran Médico y paciente. El Doctor se dio cuenta al toque de que era una avivada para no pagar, pero no dijo nada, asintió y sonrió, un gesto quen hizo que el mundo entero pareciera llenarse de luz.

      Pasó el tiempo. De vez en cuando, ambos volvían a verse. A veces, el paciente tenía algo así como una recaída o agravamiento de su enfermedad, pero no quería saber nada de volver a consultar profesionalmente al Médico debido a sus tarifas de terror. Algunas veces esas recaídas fueron particularmente duras. Como habían quedado en ser amigos, el Doctor se quedaba junto a su viejo paciente, tomándole la mano con fuerza y hablándole de distintas cosas, pero siempre de algo reconfortante; comentarios sobre el hermoso día que era aquél, por ejemplo. El hecho de no estar solo reconfortaba al ex-paciente, pero tenía que rehuir los ojos del Doctor, porque le daba vergüenza la cuenta impaga.

      Un día se dio cuenta de que ya no tenía signos de la enfermedad. El Doctor, como siempre, estaba junto a él; era realmente un amigo muy leal. El ex-paciente se dio cuenta de golpe, y se echó a llorar. El Doctor, sonriendo, lo abrazó sin decir una sola palabra. La cuenta empezó a pagarse de nuevo. Como se puede, a veces más, a veces menos; pero la deuda ya no puede dejar de ser reconocida. Deuda enorme porque el milagro fue enorme.

      Del Doctor se dicen muchas tonterías. No les cres. Ya viste que no dijo ni una palabra cuando el paciente dejó de pagar. Pero sí, el precio es carísimo.

      El paciente fui yo; el Médico, Dios; la tarifa, imposible de pagar, esforzarse cada día, más allá de lo imaginable, por ser mejor persona. Es un precio muy duro. Es más fácil ser como es, exigir a los demás que acepten nuestras fallas sin tratar de cambiarlas; crucificar a los demás sin piedad. Cambiar es cansador y reventante: Sobre todo, porque los demás sí pueden ser como son: ellos no están obligados por deuda alguna.

      Pero siento que es mejor pagarla porque, aunque no vuelva a necesitar de los servicios del Doctor, nunca más quiero verme obligado a esquivar sus ojos, sus maravillosos, compasivos, increíbles ojos. La mirada de Dios, mi Creador y Sanador, mi Padre y Amigo: lo mejor que me ha sucedido en mi vida. Es un hincha pelotas. Es exigente como un capanga... Y sin embargo, lo amo más que a mi vida. No por el Cielo que prometa, sino por la mutilación interior de la que me restauró. No por miedo a irme al Infierno, sino porque allí estuve y El me sacó. No por lo que pueda darme, sino porque ya me dio mucho más de lo que jamás soñé tener.

      Llevate las radiografías. Disculpá que me puse a llorar como un marrano; creo que entenderás que el sentimiento me desborde recordando estas cosas.

      Que Dios te bendiga... Y lo hará.

   

Modificado el ( sábado, 22 de agosto de 2009 )
 

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