| La Juventud, Don especial del Espíritu de Dios |
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| Escrito por Eynar | ||
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¿Qué es para nosotros la Juventud? S.S. Juan Pablo II nos dice: “Si sabéis responder a la llamada de Dios, sabréis que la verdadera juventud es la que da Dios mismo. No la de la edad, anotada en el registro oficial, sino la que desborda de un corazón renovado por Dios. Descubriréis que el más joven puede ponerse al lado del mayor que él y entablar un diálogo dando y recibiendo algo con enriquecimiento recíproco y alegría siempre nueva. Descubriréis dónde está la verdadera fuerza que puede transformar el mundo. Vigorizad, pues, vuestra fe; revividla si es débil. ¡Abrid las puertas a Cristo! Abrid vuestros corazones a Cristo, acogedlo como compañero guía de vuestro camino” La juventud es una actitud ante la vida Características de la juventud: La juventud no es sólo un grupo de personas de edad cronológica. Es también una actitud ante la vida, en una etapa no definitiva sino transitiva y que tiene rasgos muy característicos. El joven posee un inconformismo que lo cuestiona todo; un espíritu de riesgo que lo lleva a compromisos y situaciones radicales; una capacidad creativa con respuestas nuevas al mundo, en cambio que aspira a mejorar siempre como signo de esperanza. Su aspiración personal más espontánea y fuerte es la libertad, emancipada de toda tutela exterior. El joven es signo de gozo y felicidad. Muy sensible a los problemas sociales. Exige autenticidad y sencillez y rechaza con rebeldía una sociedad invadida por hipocresías y antivalores. El dinamismo de la juventud es capaz de renovar las culturas que, de otra manera, envejecerían. Realidad juvenil en Nicaragua La Iglesia confía en los jóvenes. Son para ella su esperanza. La Iglesia ve en la juventud un verdadero potencial para el presente y el futuro de su evangelización. Por ser verdadera dinamizadora del cuerpo social y especialmente del cuerpo eclesial. Formamos parte de un Continente joven en historia y en población, la mayoría de los jóvenes se encuentran en familias desintegradas o conflictivas, víctimas de la desocupación, del vicio, de la violencia y del hambre. Con pocas excepciones, los Medios de Comunicación Social contaminan el ambiente con programas, publicaciones y campañas amorales e inmorales; y se promueven abiertamente en la televisión y en los diarios la pornografía, la promiscuidad, la violencia y el libertinaje, ridiculizando a la vez las sanas costumbres y contribuyendo de esta manera a la ruina moral de la familia y a la corrupción de la juventud Otros jóvenes tienen un vacío en su formación académico-cultural. La enseñanza académica fue irregularmente impartida, con frecuencia interrumpida y no pocas veces sustituida por actividades socio políticas. Muchos jóvenes, además, son víctimas de la civilización de consumo, de una errada pedagogía del instinto, de la droga, del sexualismo y de la tentación de ateísmo. La sociedad de consumo ha encontrado a una juventud herida por el materialismo ideológico, debilitada por el odio y desanimada por la experiencia del fracaso. Esto ha provocado en ella una pérdida del sentido de la vida y de los ideales; pérdida que lleva a un indiferentismo religioso. Cristo es la respuesta Jn.14: 6 << “Yo soy el Camino, la Verdad y La Vida”, nadie va al Padre si no es por mi >> Los jóvenes buscamos la libertad, pero sólamente Cristo en su Verdad nos la puede dar, Él nos dice: “Conocerán la Verdad, y la Verdad los hará Libres” es la verdad que nos ofrece Cristo la única que nos puede dar la libertad plena que buscamos. Sólamente Cristo es que puede ayudarnos a sobrellevar nuestros problemas, sólo Él puede entender nuestra dificultades, Cristo que también fue joven y pasó por cada una de nuestra edades, es quién más nos comprende cuando la sociedad se hace sorda a nuestros problemas. El único camino sano para nosotros, los jóvenes del tercer milenio como nos llama S.S. Juan Pablo II, es Cristo, quien en su Verdad nos hace Libres y nos lleva a hacia una Vida plena. Ahora nos toca, atender la petición del Santo Padre: “Abrir el Corazón a Cristo”, para así encaminarnos a conocer la verdad con la que nos hará libres. La única verdad con la que podemos reconocernos como hijos de Dios. Que no se nos olvide que nosotros somos la esperanza de la Iglesia, y que en nosotros ha puesto su confianza para seguir siempre adelante. Eynar Alberto Gaitán Rivas.
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