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Súplica y plegaria creyente |
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Escrito por xjuliox
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miércoles, 24 de marzo de 2004 |
11 DE MARZO, MADRID
Desde la revista Catequistas para todos los amigos en solidaridad con las víctimas, los familiares y los vecinos de Madrid
ÁLVARO GINEL, director de la revista Catequistas
MADRID.
Era la hora de comenzar la jornada.
Era la hora de poner la mano en el surco
y de sembrar el trigo y el pan de cada día.
Era la hora de comenzar...
y los hijos de las tinieblas
pusieron trágico final
a la luz que lentamente amanecía.
Sembraron la muerte.
Truncaron ilusiones.
Segaron muchas vidas...
Era la hora de comenzar
y adelantaron el final de muchos...
A los que os llegó el final no esperado...
os recordamos.
os tenemos presentes
y por vosotros rezamos.
A los que lucháis todavía por la vida...
os animamos,
os apoyamos;
os dimos nuestra sangre, nuestras manos...
y os damos, ahora,
el aliento de una oración,
y la promesa de un empeño
para hacer un mundo mejor...
un mundo en paz.
Era la hora de comenzar la jornada.
Era la hora de poner la mano en el surco
y de sembrar el trigo y el pan de cada día.
Era la hora de comenzar...
y los hijos de las tinieblas
pusieron trágico final
a los que lentamente despertaban.
Nosotros, sobrecogidos,
nos preguntábamos,
buscábamos una razón, un porqué...
El dolor y la muerte nos dejaron en silencio,
nos dejaron sin respuesta,
sin palabra,
sin palabras...
El mal ni el dolor no tienen respuesta,
no tienen palabras...
Y nos volvimos a ti, Dios,
y gritamos desde el silencio: ¿Por qué?
Y no nos respondiste.
Quizás estabas tú mismo llorando,
tú mismo sin palabras,
tú mismo muy triste
como otros tantos días tristes
cuando la muerte todo lo tiñe de gris...
Quizás estabas tú mismo llorando
ante los gestos bonitos
de corazón sincero y solidario
que repartían amor, ayuda, y fuerza
a los que la fuerza del mal
los azotó.
Quizás estabas tú mismo llorando
como el día del Calvario...
Quizá, como aquel Viernes Santo,
estabas llorando y planeando
un nuevo futuro,
una esperanza contra todo esperanza,
un boquete de luz
en la noche negra de la muerte.
Quizá, Dios, estabas tú mismo
diciendo:
"perdónalos porque no saben lo que hacen",
"no devolváis mal por mal",
"mirad que yo hago salir el sol sobre buenos y malos"...
Quizá estabas tú mismo llorando
para no dejarnos solos en nuestro llanto,
para recordarnos que tus entrañas
están llenas de misericordia...
Quizás tú mismo estabas llorando
para regar con tus lágrimas
nuestros corazones
y lanzarnos a construir un mundo de paz y de perdón.
Quizás, sí, tus lágrimas estaban
consolando nuestras lágrimas y buscando
las lágrimas de los corazones petrificados
que no saben llorar
o ríen cuando los muertos mueren
y los vivos lloramos de dolor.
Era la hora de comenzar la jornada.
Era la hora de poner la mano en el surco
y de sembrar el trigo y el pan de cada día.
Era la hora de comenzar...
y los hijos de las tinieblas
pusieron trágico final
a la luz que lentamente amanecía.
Es la hora de rezar.
Es la hora de creer.
Es la hora de hacer.
Es la hora de construir.
Es la hora de confiar.
Es la hora de unir voluntades.
Es la hora de hacer un nuevo mundo.
Es la hora de esperar.
Es la hora de sembrar semillas de bondad,
de paz,
de una nueva hermandad.
Es ahora "la vigilia" larga
del amanecer nuevo.
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Modificado el ( viernes, 27 de enero de 2006 )
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