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Escrito por Padre R.   
sábado, 20 de julio de 2002

Testimonio Sacerdotal

ImageLo que voy a contar tiene mucho de material, de cosas concretas. A veces, cuando hablamos de Dios....

Lo que voy a contar tiene mucho de material, de cosas concretas. A veces, cuando hablamos de Dios pensamos que las cosas son o deben ser de un mundo ajeno al nuestro. Aquí doy testimonio de que si bien creemos en todo aquello que nos revela Dios, él se hace presente en la historia del pueblo y de cada uno de nosotros.

Dos días después de su cumpleaños 76, mi mamá me llamó por teléfono tartamudeando porque había llegado una citación de remate de la casa. Había sido prestada como garantía y no habían pagado la hipoteca desde hacía dos años, aunque a nosotros nos dijeron que sí, que estaba todo solucionado.

Viajé inmediatamente y me puse a averiguar sobre el tema en profundidad. Una amiga mía es abogada y me ayudó para comprender todo el problema. Se debían, incluyendo honorarios, costas, actualizaciones y deuda, $ 34.000. Yo contaba con una entrada de $ 200 mensual, mi madre viuda y jubilada y mi hermana limpiando en casas. Quien debía pagar desapareció.

No hubo manera de arreglar con el acreedor, no quiso entrar en razón ni considerar la precaria salud de mi madre (3 infartos). Entonces, hablé con Dios.

Yo sé que muchos pueden hablar con Dios, y cuando escuchamos que alguien dice que Dios le ha hablado, pensamos que está loco. Pero Dios nos habla efectivamente, a través de los hechos, a través de la historia y a través de las personas. Yo le pedí a Dios que me ayude a resolver el problema porque dadas las circunstancias, era imposible encontrar alguna salida.

Yo jamás pedí dinero para mí. Pero esta vez pedí, ya que quienes quedaban en la calle eran mi mamá, mi hermana y mi sobrina. Recurrí a mis amigos. En primer lugar, estuvieron a mi lado en medio de las averiguaciones; después, en todo el esfuerzo de conseguir dinero. Uno de ellos fue a una financiera, otro me dio todos sus ahorros (que eran para operarse los ojos), otro estuvo a punto de vender su camioneta. El hecho es que llegué a juntar en un par de meses $24.500. El problema se había desencadenado en junio y para octubre yo tenía ese dinero.

También jugué con la sola intención de tener el dinero necesario para arreglar todo. Obviamente, como dice el dicho "quien juega por necesidad, pierde por obligación".

Pero se me acabaron los amigos, y no tenía manera de juntar más dinero. También es cierto que en medio de todo esto, muchos amigos desaparecieron, mostrando que en realidad no lo eran. Terrible y angustiante. En mi parroquia, lo más triste, quienes pudieran haberme solucionado el problema en minutos, se condolieron organizando un bingo que me aportó $200; prácticamente, fue una donación por obligación. Nadie de la parroquia apareció.

Cuando se habían acabado las posibilidades de pedir, hablé con mi amiga, la abogada, y le dije que trate de arreglar algo. Que no había podido juntar todo lo que ellos pedían, pero que me comprometía a pagar el resto de alguna manera. No le dije cuánto había juntado porque se me pasó, y ella me dijo que iba a concertar una entrevista con el acreedor y con el juez.

La reunión fue el 1 de noviembre de 1999. Ella fue y después de agitada discusión, arregló todo, sin deudas posteriores y sin pagos a futuro, por $24.300. Ella me llamó por teléfono inmediatamente y me contó el monto, y me preguntó si teníamos ese dinero o cuánto era lo que teníamos; yo le dije que sí, que no había problema, que íbamos a pagar al contado ese monto.

Se cerró el acuerdo, y si aquí no está presente Dios, no soy capaz de verlo.

Me sobró lo que me dieron de la parroquia de manera casi obligada (tema aparte). Pude juntar lo que me hizo falta, ni un centavo más, y todo por solidaridad y caridad cristiana, por las personas que se movieron conmigo y que hicieron propio mi problema. Dios sabe. Si hubiera ganado la lotería, no se habría puesto de manifiesto el amor de mis amigos (y hubiera pagado de más a un usurero, tema aparte).

Dios se hizo presente, en cosas concretas, a través de las personas y de los eventos. Creo que todos tenemos algo que pensar en nuestras vidas en donde se hace presente Dios. No siempre se hace presente como nosotros queremos, pero aparece indefectiblemente.

Padre R.
Sacerdote del Altísimo
Modificado el ( sábado, 10 de diciembre de 2005 )
 

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